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Naranjas Navelate

Temporada: Desde mediados/finales de enero hasta marzo.

Características: También conocida como la reina de las naranjas, esta variedad del grupo navel reúne unas características organolépticas excepcionales siendo diferente a cualquier tipo de naranja. Las naranjas navelate son parecidas a la conocida Washington Navel, diferenciándose de ésta en que la naranja es de menor tamaño, son más ricas en zumo, la corteza es menos gruesa, el color es anaranjado dorado cuando maduran, la forma es ligeramente ovalada y la maduración y recolección es hacia finales de enero.

Sin duda alguna estamos hablando de la mejor naranja del mundo, la mejor naranja en cuanto a su exquisito, dulce y fino sabor a naranja, la más reconocida por gourmets internacionales; la calidad a nivel de sabor y textura es inigualable en comparación a cualquier otra naranja , sea del grupo que sea; no encontrarán naranjas con mejor calidad y sabor que estas.

La Navelate es una naranja que en España ha venido a menos por que es la variedad con mayores dificultades para su cultivo ( se requiere un alto nivel de conocimientos agrícolas para el buen desarrollo de esta variedad), esto unido a su baja productividad y a que suele tener un tamaño algo inferior al resto hace que la mayoría de agricultores descarten su producción por lo complicado que resulta y su bajo rendimiento; una pena.

Una característica muy peculiar de la Navelate es un ligero desorden en la piel exterior conocido como “colapso de la corteza” o “patita de rata", rasgo que la caracteriza y que le sirve como cuño identificativo para diferenciarla del resto de naranjas del grupo navel, y a diferencia de estas, la Navelate jamás pierde su zumo, manteniendo su calidad interna intacta, incluso varios meses después de su recolección, llegando a tener un aspecto endurecido y feo de la piel pero manteniendo su calidad interna en perfecto estado. Si se va a consumir en un largo periodo de tiempo es recomendable su conservación en el frigorífico.

En 1948 fue cuando comenzó la historia de la Navelate. Su obtentor observó entonces una rama de un naranjo Washington Navel en su finca valenciana. Y en enero de 1952 participó a sus hijos el descubrimiento y les llevó a ver dicho árbol y rama, pues aunque estaba seguro de los hechos, quería ver si sus allegados confirmaban sus impresiones.

La rama en cuestión daba unos frutos que diferían de los del resto del árbol, presentando características propias, pareciendo ser una mutación de yema que prometía ser francamente interesante.

Este es el hecho inicial, pero ahora viene la historia de la obtención de una nueva variedad. En este caso existió la fortuna de que fue observado por la persona adecuada, la que reunía las condiciones y los conocimientos precisos para la experimentación, por su condición de viverista, su curiosidad botánica, su amor a los árboles y plantas, e incluso su sentido comercial, es decir, el saber el interés que presenta una nueva variedad y las pruebas que ha de soportar hasta poder lanzarla al mercado, para no malograr la obra.

Se estaba ante el punto de partida: una posible mutación. Pero ahora venía la parte más ardua y necesitaba de experimentos y paciencia, comprobar si las cualidades de dicha mutación quedaban fijadas en lo sucesivo ó si se trataba de un fenómeno temporal, sin características permanentes. Para ello, en la primavera de 1952 se procedió a injertar en vivero unos doscientos plantones, los cuales se transplantaron en marzo de 1953. Al propio tiempo se injertaron también cuatro árboles adultos de la posible nueva variedad, para poder observar más pronto la fructificación de la misma.

Naturalmente se tuvo con estos plantones los máximos cuidados posibles y las debidas atenciones durante los tres años siguientes; años de ansiedad, incertidumbre, preocupaciones y esperanzas, pues dadas las características observadas, eran muchas las que se habían depositado en la nueva mutación, y ahora entraba en el “terreno de la verdad”, en el experimento, que era el único que podía afirmar ó negar sus cualidades. Cada año, podríamos decir que cada mes, se dio a los plantones, en relación con su vegetación, los cultivos y tratamientos más adecuados, pudiendo decirse que constantemente se estaba pendiente de ellos.

Y así se llegó al invierno de 1955, en el que se empezaron a recoger los frutos de la nueva variedad y se pudo establecer un diagnostico ya más exacto. Tanto los plantones como los árboles injertados habían conservado en sus naranjas las características observadas en aquella rama. La primera fase había tenido pleno éxito y se podía seguir con renovadas esperanzas el laborioso camino, trazado de antemano, e imprescindible para llegar a una firme realidad.

Por ello, tras un compás de un año de espera para observar de nuevo la fructificación siguiente y tener más seguridad sobre lo conseguido, se injertaron en la primavera de 1957 cuatro mil plantas de esta variedad, que sus creadores llamaban por entonces Nave Nueva. Y corroborando el éxito, tranquilos ya en cuanto a la constancia y permanencia de las características, se estimó oportuno llegado el momento a lanzarla al mercado.

Para el lanzamiento se adoptó, como definitivo, el nombre de NAVELATE, es decir, Navel tardía.

“Navelate, la mejor naranja”.( Artículo publicado en “Las Provincias.es” el 02/03/08 por Vicente Lladró); muy interesante.

Hagan la prueba mañana mismo. Diríjanse a la frutería de la esquina o al encargado de la sección de artículos vegetales perecederos de cualquier supermercado o gran superficie y pídanles un kilo de naranjas de la variedad Navelate, como se pide merluza o salmonetes y a nadie se le ocurre solicitar un kilo de peces. ¿Conocen a alguien que se dirija a un dependiente y le pida carne, a secas, y no chuletas de cordero, solomillo de ternera, pechuga de pollo o lo que le apetezca? Entonces, ¿ por qué se conforman con pedir simplemente naranjas? Hasta en manzanas hablan de Golden, Delicious, Fuji, Granny Smith o Pink Lady, y también reclaman plátanos de Canarias. ¿ Por qué autolimitarnos y contentarnos con naranjas, en general, en la tierra que lleva el nombre (Valencia) que mundialmente se identifica con la capitalidad naranjera?

Pidan naranjas Navelate, que estamos en plena época para comerlas y comprobarán fácilmente que, en la mayoría de los casos, el vendedor no sabrá de qué le están hablando. Ustedes se lo pierden, y el vendedor también, por que se trata de la mejor naranja del orbe mundial, la de mejor sabor y de pulpa fundente, y eso lo reconocen en todas partes, quienes saben. Más fuera que aquí mismo, donde es tan fácil denostar lo propio.

La Navelate surgió de forma espontánea en Vinaroz, por mutación natural de una rama en un campo de la variedad Nável de Juan Gil, hace ahora medio siglo. Gozó de gran predicamento comercial, con altos precios que se distanciaban mucho del resto, cuando había vendedores que defendían a capa y espada la calidad diferencial de lo que ofrecían y compradores profesionales que buscaban lo mejor para su clientela selecta y sabían escogerlo entre lo más ordinario.

Pero se fue extendiendo un proceso de estandarización comercial que en la práctica ha devenido en vulgarización, porque se ignoran sistemáticamente los detalles que marcan las diferencias entre lo regularmente bueno y lo muy bueno, y también porque se toman como defectos insoportables y rechazables meras características que deberían tener otra consideración. Pero no se le pueden pedir peras al olmo, porque el poder de compra ya no descansa hoy en profesionales atentos a convencer y servir al cliente que busca lo bueno de verdad, sino en jóvenes ejecutivos sin experiencia intrínseca sobre la mercancía que tratan y que sólo atienden a la rentabilidad del metro cuadrado del establecimiento a su cargo. Estamos en sus manos.

El resultado es que la inmensa mayoría de ustedes se van a quedar sin probar la excelencia de una naranja Navelate, porque en la larga cadena desde el campo hasta la venta al detalle escasean ya quienes pueden saber qué es una Navelate y nadie se ha preocupado tampoco, desde el lado del productor, de explicar de qué estamos hablando y de que, por muy poco más, o quizás por lo mismo, podrían disfrutar de lo lindo. Imaginen por un momento la diferencia entre un melón delicioso, ese que apenas tienen suerte de probar una o dos veces cada verano, y esos que más se parecen a pepinos endulzados. Pues esa misma felicidad. Ustedes se lo pierden.

Resulta que hoy no se paga más la Navelate en el campo, como antaño, y como tiende a producir menos que otras y es más delicada en todo, el agricultor procura producirla menos. Está en decadencia y sólo la buscan los comerciantes muy especialistas y marquistas que quedan, para desgracia de todos los demás ciudadanos que no la conocen y que deberían exigir su derecho a disfrutarla, si tuvieran la suerte de llegar a comprarla.

Como las cosas buenas de verdad, la Navelate tiene la piel muy sensible. Sufre a menudo de ralladuras por culpa del viento ocasional que la zarandea; de “patita de rata”, que es una leve alteración de la corteza que algunos comerciales ven como una pérdida de calidad, aunque dentro no se nota para nada; o aparecen levísimos pinchazos, porque las ramas tienen espinas. En fin, nada sustancial para lo que interesa de verdad, que es el sabor, y tampoco en todos los frutos, sólo en una parte. Pero ha sido suficiente para que se le rehúya, cuando debería ser al revés.

Nadie ha sabido hacer con la Navelate como los plataneros de Canarias, que han convertido un teórico defecto, “la manchita” de la piel, en una virtud identificativa de la diferencia y de la calidad de sus plátanos. O como los vinateros que sacan todo el jugo comercial a las uvas pasas, heladas ó semipodridas por la “bothrytis buena”. Todos perdemos.

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